jueves, 6 de agosto de 2009

de cerca me miras

de El gran Gatsby. Francis Scott Fitzgerald. Pág. 128-130
-Quizá conozca usted a esa señorita -Gatsby se refería a una hermosísima mujer orquídea, apenas humana, sentada con gran pompa bajo un ciruelo blanco. Tom y Daisy la contemplaron con esa sensación particularmente irreal que acompaña el acto de reconocer a una celebridad cinematográfica puramente fantasmal hasta entonces.
-Es preciosa -dijo Daisy.
-El que se inclina sobre ella es su director.
(...)
Así era todo. Casi lo último que recuerdo era que Daisy y yo estábamos de pie contemplando al director de cine y a su Estrella. Seguían bajo el ciruelo blanco y sus rostros estaban separados por un pálido rayo de luna casi inexistente. Se me ocurrió que el director había pasado toda la noche inclinándose lentamente hacia ella para alcanzar aquella proximidad, y mientras aún los contemplaba vi cómo se agachaba una última milésima y le besaba en la mejilla.

miércoles, 5 de agosto de 2009

por debajo de la que mi mano te dibuja

de Diario de un mal año. J. M. Coetzee. Pág. 191

"En la pared de una habitación de hotel de Burnie, Tasmania, un póster: las calles de París, 1950; un hombre y una mujer jóvenes en el acto de besarse, el momento captado en blanco y negro por el fotógrafo Robert Doisneau. El beso parece ser espontáneo. Una oleada de sentimiento se ha apoderado de los jóvenes en pleno movimiento: el brazo derecho de la mujer no devuelve (todavía no) el abrazo del hombre, sino que pende libre, con una curvatura en el codo que es exactamente el reverso del abultamiento de su seno.
Su beso no es sólo de pasión: con ese beso se anuncia el mismo amor. Uno puede reconstruir más o menos la historia de la pareja. Son estudiantes. Han pasado la noche juntos, su primera noche, se han despertado abrazados. Ahora tienen que ir a clase. En la acera, en medio de la muchedumbre matinal, de repente el corazón del chico se siente inundado de ternura. También el de ella, ella está dispuesta a entregarse a él un millar de veces. Así que se besan.En cuanto a los transeúntes y a la cámara que está al acecho, no podrían importarles menos. De ahí, "París, ciudad del amor". Pero podría suceder en cualquier parte, esa noche de amor, ese arrebato de sentimiento, ese beso. Incluso podría haber sucedido en Burnie. Podría haber sucedido en este mismo hotel, sin que nadie se percatara ni lo recordara, salvo los amantes. (...)"



Le baiser de l’hôtel de ville. Robert Doisneau (1950) http://www.robertdoisneau.com/largehotelkiss.htm
Para amarlo entero: http://www.robertdoisneau.com/

y a los buchones de Françoise Bornet y Jacques Carteaud, pitocatalán! A nadie debiera importarle realmente si fue una puesta. Haber encontrado esa escena espontáneamoente sólo convertiría al fotógrafo en una persona muy afortunada. Y en todo caso los más queremos creernos que estaba justo ahí cuando vio el universo converger en ese beso