-Tu padre precisaba tener dos nombres para que no lo mataran -le decía su madre.
Y susurraba una palabra: guerrillero.
La mujer había amado al guerrillero sin entenderlo, sin creerle. Sólo esperaba pacientemente a que él terminara sus largas explicaciones sobre el mundo. Claro que, a veces, se cansaba y entonces se desprendía la blusaen medio de la lucha de clases y lo besaba despacio, obligándolo a postergar la reforma agraria.
jueves, 13 de enero de 2011
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