viernes, 6 de noviembre de 2009
"El último encuentro", Sándor Márai. Pág. 61
El general se vistió. Se vistió solo: primero sacó su uniforme de gala del armario, y lo estuvo observando durante un tiempo. Hacía una década que no se había puesto el uniforme. Abrió un cajón, buscó sus condecoraciones, estuvo contemplando las medallas guardadas en estuches forrados en seda roja, blanca y verde. Al tener en la mano aquellas medallas de bronce, de plata y de oro, aparecieron ante sus ojos las imágenes de un puente sobre el río Dniéper, de un desfile militar en Viena. de una recepción en el castillo de Buda. Se encogió de hombros. ¿Qué le había dado la vida? Obligaciones y vanidad. Volvió a guardar en el cajón las condecoraciones, sin darle importancia al gesto, como el jugador de cartas que al final de la partida devuelve las fichas de colores que ya no le son útiles.
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