miércoles, 24 de julio de 2013

de "Cartas Marcadas", Alejandro Dolina

Pág. 79

Algunos hombres tienen una extraña idea de su propio merecimiento y no se permiten aspiraciones que consideran excesivas. Se instalan en una cómoda inferioridad que no admite apuestas fuertes ni mujeres como Nadine.

Pág. 129

Un sol radiante la iluminaba y el caldero empezó a brillar. La aparición era silenciosa pero todos supieron que la mujer era sobrevolada por bandadas de pájaros cantores. Después, en una esquina, cayeron redondos a su paso todos los poetas del mundo. Un ejército de seductores empezó a seguirla y a decirle galanterías en las lenguas confundidas de la torre de Babel. Ella siguió adelante. Un hombre le salió al encuentro. Se hizo de noche y desaparecieron las muchedumbres. Los faroles se apagaron.
Ala luz de estrellas y luciérnagas ella lo besó.

Pág. 183

Al pasar frente al Automóvil Club fue interceptada por un grupo de estudiantes japoneses que 
saltaron a su alrededor dando gritos de entusiasmo. Cuando se alejaron, ella les tomó una foto que, al ser revelada, vino a mostrar unas golondrinas volando hacia el ocaso.

Pág. 263

Los ojos de ella parecían rogar una palabra bienhechora que la devolviera a la seguridad burguesa de las cosas que podían nombrarse. Pero Allen no habló ni prometió, ni nombró, ni aclaró.

Pág. 374

El ruso se metió por la ventana de la oficina de al lado. Cúneo lo persiguió. Abajo, los curiosos lanzaron una exclamación. El suicida sacó de su bolsillo un ejemplar de La última metáfora.
-Léalo y después dígame qué le ha parecido.
Cuando el ruso estiró la mano, el libro cayó al vacío tratando de volar con quinientas alas inútiles.

Pág. 448

-Póngale la firma. Las estrellas son hijas de la poesía, así como las constelaciones son fantasías de nuestra mente: no existen en realidad. Las vemos dibujadas en un cielo chato. Pero en verdad lo que parece una tela es profundo en infinito. Si usted se instalara en Rigel, la estrella coloradita que está justamente en Orión ya no podría concebir a Orión. Sus astros aparecerían desparramados como mierda de loco, o no serían visibles, o no se conectarían de manera alguna. Quiere decir que las constelaciones son puro pensamiento, puro lenguaje, puro énfasis o pura perspectiva. No se engañe, Mandeb: los hechos no existen antes de ser subrayados para salvarlos del merengue continuo de procesos y cosas que hierven en el caldero del universo. Son la realidad, pero una realidad que sólo puede describirse y fijarse nombrándola, recortándola, enmarcándola.

Pág. 529

El ruso estaba cansado y tenía sueño. Escondido tras el último rincón dudoso de la noche apareció el Tallador. Salzman corrió hacia él.
-Juguemos, maestro.. Deme cartas. Me parece que hoy va a cambiar mi suerte.
-Va a cambiar pero para peor. Su última baraja ya fue jugada.. Por un momento llegué a pensar en darle una mano ganadora. Me gustaba su estilo. Usted no se hubiera conformado con vivir la euforia del ganador. Llegado el caso hubiera deseado ser todos los jugadores de la mesa: el que estuvo a punto de llevarse el pozo, el que achicó su parada para perder poco, el que no supo esperar, el que esperó demasiado.. En resumen: usted quiere recibir todas las manos al mismo tiempo, vivir todas las vidas. El que juega de este modo siempre pierde pero no le importa, porque adivina que en el revés del naipe o en una pinta secreta que está en las 
entrañas de los cartones, el que gana pierde y el que pierde gana.
-Eso lo sabe cualquiera .dijo Salzman-, está en todos los tangos. Déjeme jugar.
-Ya no hay más cartas para usted. Ahora usted es la carta. Una figura mediocre en manos de un jugador que perderá por su culpa.
El ruso se miró y vio un garrote entre sus manos. Se había convertido en el rey de bastos.
Aplastado en dos dimensiones Salzman voló de panza sobre la carpeta hacia las manos trémulas de Pablito, que jugaba en una mesa de niños más poderosos y más grandes, que traían, ya de familia, ases machos y sietes bravos.
-¡Truco! -gritó Pablito y puso a Salzman de espaldas sobre la mesa.
El niño pudiente sentado a su derecha jugó un cinco y se hizo una escoba. El ruso quedó de muestra con su manto verde hasta que Mandeb vino a despertarlo.

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